El Reencuentro de Dos Pichoncitos

El Reencuentro de Dos Pichoncitos

Cierta vez tío Quique había ido de viaje rumbo a Nuevo Cajamarca, dejando a su familia y en especial a su esposa, al cuidado de su suegro, quien apreciaba a su yerno, pues después de cada viaje llegaba con todo. Pasaron los días, los meses, hasta que pronto llegaría el retorno de tío Quique, que después de mucho tiempo de no ver a su esposa llegaba más deseoso que nunca y con ganas de pasar las fiestas patronales de agosto.

Finalmente hizo que fueran a recogerlo con varias acémilas para las cosas que traía, como arroz, azúcar, fideos, golosinas, el popular King Kong, entre otras.

Para ello su suegro, había hecho pelar el mejor chancho para recibir al ilustre visitante. De pronto llegó. Le invitaron de todo: chicharrones, sopa de chochoca, cuy con papas, cachangas en hoja, pucanas, entre otras delicias de su pueblo. Pero al fulano ya no le interesaba la comida, sino que no veía las horas que anocheciera, pues a su adorada Joba, hacía más de un año que no la había visitado.

Pero los minutos se hacían cada vez más largos, que ya las rellenas, que tapa bien la lata para que el perro no lama la manteca, que apúrate mujer con la yerba pa’ los cuyes, que cierra bien el corral paque no se escapen las wishas a la chacra, en fin un sinnúmero de tareas que cumplir.

La noche llegó y pronto fueron a dormir, pero como en anteriores épocas todos se acostaban en el mismo cuarto, simplemente separados por una simple cortina. Tío Quique, no aguantaba más y comenzó la función. Ni bien dio inicio, tanto él como ella estaban en su punto y… lec, lec, lec, lec, lec, lec, lec, insistentemente. Y no faltaba más, la suegra estaba despierta:

  • Te levantaras ay, que pue mal tapao lo has dejao la manteca, el perro está que lo lambe ay.

Tío Quique y su adorada al escuchar esto cesaban la función y al cabo de un rato nuevamente: lec, lec, lec, lec, lec, lec. Y otra vez.

  • Te vas a levantar ay, o me levanto yo, ¿no escuchas al perro que sigue lambiendo la manteca, nos va ha dejar sin sarro ay y que pue lo vamos a echar a los tamales después?
  • Ya mujer, horita me levanto aunque yo me acuerdo haber guardao bien las latas aca’dentro. En fin sino te hago caso vas ha estar jode y jode ay, ¿qué no tienes sueño, no sabes respetar a la visita?

Y así continuó tío Quique toda la noche, igual que chancho viejo de cada un rato.

Autor: Max Torres.

El Lamento de una Viuda

Cierta señora ante el ataúd de su esposo lloraba:

  • ¿En la pampa le daba, en la cocina le daba, en las arracachas le daba, en la quebrada le daba? ¿En el cuarto le daba, en la fiesta le daba, en la chacra de maíz le daba, en la montaña le daba?

La comadre, preocupada se acerca y le pregunta:

  • ¿Qué pue le daba a mi cumpa, cumita?

Y ella siempre cantando y en son de llanto contesta:

  • ¿La epilepsia pue le daba?

Y luego continúa:

  • ¿Y cuando estaba en el río, él que me pidió, yo que le di y él que se murió?

Y otra vez la comadre preocupada por lo que escuchaba, nuevamente interroga:

  • ¿Y qué pue le dabas, comadre en el río que se murió?
  • ¿Su vaso de agua le di y él que se murió?

Autor: Max Torres.

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