“Maturranga”, era una yegua que tenía como dueño a don Benigno Araujo. Este singular animalito caracterizábase por ser bien flaquita, diríase que era un pellejo con huesos, que gracias a su piel se mantenía de pie. Sus costillas estaban como para tocar guitarra. Su nombre se debía a que a lo largo de todo el suro (espinazo) no se veía más que un hilera de matas (heridas), cual pueblo después de un bombardeo feroz. Así era “Maturranga”, pero a pesar de su estado siempre acompañó a su dueño en sus innumerables viajes a Chongoyape, porque antiguamente no existía la carretera que ahora tenemos y para poder conseguir los alimentos diarios que se traen de la costa había que recorrer esos escabrosos caminos.

      En cierta oportunidad, avisó el Padre Guillermo Araujo que venía a visitar a su pueblo y por ende a su familia, por lo que don Benigno, echó mano de Maturranga para traer al mensajero de Dios y fue así que estando para llegar al lugar acordado para recoger al Sacerdote, Maturranga por la mala alimentación que recibía, por el cansancio que hacía mella en su alicaido cuerpo, llegó a tocar el suelo con su panza. Ante dicha escena don Benigno dirigiéndose a Maturranga dijo:

       – Maturranga no te arrodilles. Todavía no aparece el Padre.

Recopilado por: Max Torres.

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